Dijo Einstein que en época de crisis es más
importante la imaginación que la inteligencia.
Y en el fútbol infantil, hay mucho trabajo, mucho
corazón y creatividad. Porque para contener y asistir
a casi 100 chicos por año se requieren enormes
cuotas de voluntad e ingenio. Los porcentajes lo ratifican:
uno, dos o a lo sumo tres chicos de cada 100 posiblemente
logre ganarse la vida con el fútbol. Lo importante
es que los restantes obtengan la capacitación y
el fortalecimiento necesarios para vivir sin el fútbol.
Las bases fueron iguales para todos. Sin control médico
y escolar, integral, no juega nadie. Pero esto lejos está
de ser sectario o excluyente, todo lo contrario: a los
chicos se les hace, sin distinción alguna un control
médico de primer nivel y se le efectúan
luego, por intermedio de las instituciones, seguimientos
en sus labores escolares y finalmente en los controles
de alimentación.
En los casos de ingesta deficitaria, son los clubes
los que muchas veces, aún por encima de sus posibilidades,
los que concurren para solucionar este doloroso problema
para nada menor. Una vez conseguida el alta, los chicos
ingresan al mundo del fútbol, pero un mundo distinto
al que conoce el grueso de la gente. Un mundo donde
los goles y los triunfos son lo menos importante. Donde
la prioridad absoluta la tienen la formación,
la salud y el respeto por el compañero y el adversario.
Esa es la síntesis del Fútbol Infantil
y la filosofía en que se sustenta. Sabiamente
un gran argentino dijo hace más de un siglo,
"Una escuela que abre, es una cárcel que
cierra". Y esa es la meta fijada por Fútbol
Vieytes.
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